Reconstruir a través del lenguaje cinematográfico la memoria de un lugar, no deja de ser un ejercicio que parte de la necesidad del individuo de conservar aquello que allí sucedió; en su elaboración intervienen las memorias inexactas de quienes lo recuerdan y el universo estético de quien lo representa. No sé si habrá mucha verdad en todo ello, pero lo que sí se vislumbra en el proceso es que, el ejercicio de evocación es más fiel a la necesidad humana que el de la reconstrucción certera de los hechos.


Quería conocer el lugar donde mi madre pasaba los veranos de su infancia y ello me llevó hasta una villa situada en San Sebastián llamada Betania. Ella me habló de aquel lugar al que recordaba con cariño. Pretendía filmar las atmósferas de luz de la villa, mostrar cómo estas entraban y se desplazaban por el espacio. Con este gesto deseaba aproximarme a un tiempo pasado, no dejaba de ser un intento de acercarme a ella, pero en el desarrollo descubrí que la villa había sido derribada...